El concepto de Opinión Pública se lo debemos a Jacques Necker, un banquero suizo que fuera ministro de finanzas de Luis XVI en Francia.

 

Por aquellos tiempos se entendía como opinión pública, a los voceríos en los cafés (restaurantes), o en las salas a donde concurrían intelectuales y gente interesada en la cosa pública.

 

Decía Necker que: “Solo los tontos, los teóricos y los aprendices, dejan de tomar en cuenta a la Opinión Pública”.

 

Para medir la opinión pública se sembraban en los lugares de reunión a espías (en los años turbulentos de los 60 y 70s en México, les decíamos “orejas”).

 

Con la evolución y creciente prestigio de la democracia, que nos condujo a que cada persona cuenta y sus votos valen lo mismo, la definición de opinión pública con Vincent Price, vino a ser “lo que resulta de una encuesta”.

Por consiguiente, para medir la opinión pública en nuestros tiempos se deben aplicar encuestas.

 

La polarización que hoy vivimos en México, ha concentrado a las élites intelectuales, políticas, académicas, artísticas y económicas en la red social X (antes Twitter), conformándose una opinión pública parecida a la de los tiempos de Necker (la diferencia es que ahora tenemos a muchos colados, que solo vienen a vomitar consignas).

 

De modo que hoy tenemos dos opiniones públicas: la tipo Necker en X, y la tipo Price. La de las élites y la de las masas.

 

En México se observa el interesante fenómeno que en X los opositores a la 4T dominan, mientras que en las encuestas la 4T barre con los opositores. Se puede decir que las huestes de la 4T están moralmente derrotadas, porque son avasalladas en la discusión pública en X, pero ganan las elecciones. Sus personeros triunfan, pero se indigestan si acuden a un restaurante fifí, porque no faltará quien les haga una grosería (sería interesante que alguien le agarre las nalgas a Noroña).

 

Nos quedamos pues con dos opiniones públicas. Pretender que solo existe aquella que nos favorece, es comprar boleto para la decepción. Debemos estar atentos a las dos.

 

Si la 4T quiere avanzar en X debe racionalizar su ejercicio de gobierno. Si los opositores a la 4T quieren ganar más elecciones, deben simplificar su discurso y orientar sus acciones basados en encuestas.

 

Interesante constatar la vigencia, más de dos siglos después, de las palabras de Necker: “Solo los tontos, los teóricos y los aprendices, dejan de tomar en cuenta a la Opinión Pública”.

 

Salvador Borrego, Ph.D.

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