¡Ahí les va otra MORENA! ¡Gócenla!

Entre las múltiples ideas brillantes que he conocido por Niklas Luhmann, está entender los procesos sociales como una dinámica en que, de una gama de futuros posibles, uno se hace realidad (presente) para quedar permanentemente ubicado en el pasado, y cada vez que un futuro posible se hace presente, surgen nuevos futuros posibles; otros se cancelan como tales, y se alteran las probabilidades de todos los demás.

Cuando AMLO ganó la elección en el 2018, se abrió como posible futuro que México se inscribiera en la Revolución Bolivariana, el sueño de algunos morenistas y la pesadilla, quizá de muchos más mexicanos ajenos a esa causa.

La detención y deportación a USA del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, apenas dos semanas después de concluir su gestión, ha abierto el futuro posible de que, una vez terminada la presidencia de AMLO, en lugar de irse a La Chingada, se vaya a una cárcel gringa, pasando por el riguroso protocolo de ingreso.

Advertir los posibles futuros y cómo se modifican sus posibilidades como consecuencia de sus realizaciones, es navegar en el mundo de la incertidumbre, y esto se puede hacer a lo pendejo, basados en corazonadas, supersticiones o brujerías, o de manera inteligente, basados en el conocimiento experto, en la ciencia y con la guía de la “ciencia de la toma de decisiones ante la incertidumbre” (Sir. Ronald Fisher), mejor conocida como Estadística. Por ello bauticé a mi Metodología como: Cartas de Navegación Política de SABA.

Pues bien, en este mundo de incertidumbres, hay futuros posibles que son prácticamente certezas, como por ejemplo que AMLO nos dejará, como herencia maldita, la polarización social. Cotidianamente vemos como se deterioran o se rompen amistades por discrepar en la opinión sobre AMLO, y esto abre algunos futuros posibles que podrían tornarse insufribles, dependiendo de cómo se resuelva la sucesión presidencial el 2024.

Si triunfan los radicales de Morena, lo que tendremos como futuro posible está representado, fielmente, en la actual realidad venezolana o nicaragüense.

El otro extremo es que, en caso de un colapso de AMLO y Morena, triunfe una opción de derecha, no necesariamente extrema, generando una persecución de los actuales chairos, marginándolos en el contexto social y laboral. Prácticamente serían estigmatizados y perseguidos.

Es claro que, en estos futuros posibles indeseables, muchos irremediablemente sufriremos las consecuencias de no decantarnos con claridad en favor de alguno de los polos, y seguiremos clamando por la racionalidad perdida. Es claro que muchos de los fifís, ante la posible venezolización de México, se irán al extranjero, y que en caso de que triunfe la derecha, los chairos jodidos llevarán la peor parte, pues los chairos ricos tendrán la opción de renegar de AMLO, para reincorporarse con sus compañeros fifís de clase.


En medio de estos extremos, hay una gama de posibilidades, entre las cuales, son las más próximas al centro en el espectro ideológico, donde podría brillar la racionalidad que se perdió con AMLO (aparte de los escrúpulos, la congruencia y la vergüenza).

Yo creo que lo mejor que pudiera pasarle a México, es que el próximo presidente tenga como propósito fundamental la reconciliación nacional. Que triunfe el Movimiento de Reconciliación Nacional, por sus siglas: MORENA. Sí, otra MORENA, pero esta sí guapona y cariñosa, que nos haga olvidar a la pinche tóxica de la Regeneración.

Libertad, igualdad, fraternidad y racionalidad.