Hombre muerto caminando (2)

 

Lo dije hace cuatro días: ¡El festín ha iniciado! Los que finalmente dinamitaron la línea de flotación de AMLO, asociando al ejército y a sus hijos con la corrupción, se regodean por su triunfo. Los que estaban en la barda ahora se suman a la condena pública contra AMLO, y hasta quienes a costa de su prestigio profesional habían apoyado o consecuentado a AMLO, como Carmen Aristegui, se atreven a hacer una “inferencia”, como diría el confundido Julio Astillero.

 

A AMLO lo tienen rodeado, sitiado para usar un término bélico. Por una parte, los cuestionamientos en temas de corrupción y por el otro los reclamos por el vencimiento de los plazos de sus promesas incumplidas, en especial las relativas a los temas de seguridad y salud públicas.

 

Y sus respuestas lo complican más, por sus eventuales consecuencias:

 

  1. El decretazo potenció las sospechas no sólo de corrupción en su gobierno, sino también de ser cómplice o copartícipe de la corrupción, al optar no solo por la opacidad, sino también por la exculpación y reconocimiento a los cuestionados, como al ejército, Ana Guevara y a sus propios hijos.
  2. La descalificación a la revista Proceso y Carmen Aristegui, que se significaron por lo que dio en llamarse “periodismo con causa”, precisamente la causa de AMLO, muestra de manera cruda su ingratitud. Hoy Sergio Aguayo confiesa que votó por AMLO en sus tres elecciones, confirmando mi afirmación de que tenemos una intelectualidad política muy pendeja, que se negó a ver en AMLO los evidentes rasgos de personalidad que hacían previsibles todas las calamidades que hoy sufre el país.
  3. Lo anterior genera dos bandos entre quienes cuestionamos a AMLO. Los que nunca lo apoyamos (algunos porque lo consideraban un peligro para México, y otros, entre los que me cuento, porque adicionalmente pensábamos que representaba el riesgo de vacunar a México contra la izquierda), y los que vieron o quisieron ver en él al preclaro líder que nunca existió.
  4. La grosera respuesta de AMLO a Carmen Aristegui vino a confirmar, y quizá a alertar a muchos de sus seguidores, sobre la única forma aceptable por él de apoyarlo: ¡Como a un Dios! Como diría Gustavo Adolfo Bécquer: mudos, absortos y de rodillas. Algunas golondrinas decepcionadas de AMLO son ahora rabiosos opositores, que se han sumado al festín lanzándole dentelladas, pero otras, como las oscuras de Bécquer, habrán de volver, para adorarlo “como se adora a Dios ante el altar”, y aprovechando que ya estarán de rodillas ante él, no pocas se animarán para de una vez mamarle la pirinola. La cita es mañana en el Zócalo.
  5. La gran encrucijada para los Morenos y el Ejército ante AMLO, es decidir si le mantienen su apoyo incondicional o lo traicionan. La traición, como nos dice el Dr. Alfredo Cuellar, es el acto político de mayor peligro, una jugada extrema, de sexto año, diría yo. Los Morenos tienen dos opciones: Con AMLO hasta la ignominia, arriesgando todo el proyecto político al que no pocos consagraron sus vidas, o traicionan a AMLO, rescatando el proyecto. De verdad os digo compañeros: ¡Es tiempo de traiciones!
  6. Por supuesto que AMLO tiene por lo menos dos opciones: la más inteligente es conducir él mismo la transición a la racionalidad, saliendo de la escena pública, pero manteniendo tanto privilegios como las cosas esenciales de su proyecto, y la más pendeja sería un auto golpe de estado, aprovechando que tiene al ejército de su lado.

 

Así las cosas, compañeros. Interesantísimas por decir lo menos. Ya mañana les diré cuáles son los pensares, de la bella Muchacha.