El poder es curioso. De acuerdo a la RAE, es “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”. ¡Vaya amplitud de concepto!
Expedito significa libre de todo estorbo; esto es justo lo que el grupo en el poder ha conseguido al poner bajo su control a los tres poderes y desparecer los contrapesos, logrando la posibilidad, como se aprecia en el Tribunal Electoral, de hacer legal lo ilegal, como la intromisión en los procesos electorales de los funcionarios públicos, o de hacer invisible lo ostentoso, como es el caso de los acordeones.
Dicho de otro modo, ellos pueden hacer lo que quieran. Multarte, encarcelarte, humillarte o matarte.
Pero hay un problema con el poder. Cuando se usa se desgasta, o de plano se acaba. El uso sabio del poder está orientado a la disuasión, no a su ejercicio para aniquilar adversarios.
Dos ejemplos ilustran lo anterior:
- El senador Gerardo Fernández Noroña usó su poder para humillar a un ciudadano, y claramente se le volteó el chirrión por el palito, o se le volteó el palito por el chirrión. ¡Le fue como en feria en las redes sociales!
- El otro caso es similar. Una diputada federal también usó su poder, para lograr el pago de una multa y 30 días consecutivos ofreciendo disculpas públicas de una ciudadana. Las redes sociales se reventaron una vez más, y la diputada ha llegado al extremo, usando de nuevo su poder, para que las disculpas no se dirijan a ella por su nombre, sino a “dato protegido”.
José Ortega y Gasset, en su “La rebelión de las masas”, nos dice que el mando (el poder) “se funda siempre en la opinión pública”. Por ello la tremolina que sintieron estos dos personajes cuando usaron su poder.
¡Así las cosas compañeros! Estos poderosos de la 4T, me recuerdan a aquel caballero de avanzada edad, que se casó por poder, pero tuvo que divorciarse ¡por no poder!
Salvador Borrego, Ph.D.
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