Dedicado a Pepe Le Pew

 

Ayer le dediqué mi Bohemiada a mi muy querido Pepe Le Pew. A mi infancia le sobraron juegos al aire libre, pero le faltaron caricaturas, pues no llegaban, en aquellos tiempos, señales de televisión al rincón tamaulipeco donde nací, ¡pero teníamos Chalán!

 

Pues bien, un pobre idiota gringo publicó un artículo denostando a Le Pew por acosador, y en este mundo cada vez más idiotizado, probablemente prohiban las ya escasas transmisiones de programas donde aparece el simpático zorrillito apestoso que se cree galán.

 

Al paso que vamos haremos del humorismo una actividad clandestina, y muchos nos moveremos en ese sub-mundo, escondidos de los políticamente correctos, de los solemnes y pendejos. ¡Y creo que lo disfrutaremos más! Por qué no, en lugar de pensar y hacer tantas pendejadas, ¿no tratamos de aportar algo que reduzca las agresiones a las mujeres, como forma preventiva del feminicidio?

 

Si perseguimos como sociedad las agresiones, podríamos reducir los índices delictivos. Esto quiere decir dos cosas:

  1. Que la agresión a las mujeres y niños se persiga de oficio. No esperar a que la víctima presente una denuncia.
  2. Que se establezca una línea telefónica exclusiva para denunciar a agresores, que podrían ser familiares, amigos, conocidos o vecinos.

 

Es claro que una de las complejidades de este tema es que los agresores muchas veces son encubiertos por las víctimas, que muchas veces justifican las huellas de las agresiones con caídas de la escalera u otros accidentes. Deberán establecerse criterios: más de tres caídas de escalera y el peladito se va al bote, por tener la desgracia de tener una escalera tan resbalosa.

 

Por supuesto que lo último es una exageración, pero la esencia de la idea es quitarle a las víctimas el peso de la denuncia, porque justo esa es la trampa, no del patriarcado, sino de los pendejos o corruptos que han legislado sobre el tema. Es como pretender que el secuestro requiera, para perseguirse, que la víctima presente una denuncia, desde la mazmorra en que la tengan incomunicada.

 

El único caso exitoso de que he sabido de protección a una esposa maltratada, se dio justo en la frontera tamaulipeca. Una pobre señora acudió al sistema de justicia y tributario alternativo, o sea, presentó su queja ante el Jefe de la Plaza del grupo delictivo dominante. Fueron por el marido golpeador, le dejaron al descubierto sus nalguitas y le pusieron una tableada en forma preventiva. Si te quieres morir vuelve a maltratar a tu esposa, le advirtieron. No sé si para siempre, pero al menos por un tiempo vivieron felices.

 

Por lo pronto, compañeros de la 4T, algo podrían hacer en favor de las mujeres, antes de que busquen otras alternativas.

 

Por cierto, ¿no le encuentran a Félix Salgado Macedonio un raro parecido con Pepe Le Pew? ¡Saludos a Félix Le Pew!

 

¡Hasta la próxima!

 

saba@sabaconsultores.com